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El pueblo elegido de Dios

El pueblo elegido de DiosEn Agosto del 2006, el escritor noruego Jostein Gaarder, autor del famoso libro “El Mundo de Sofía”, escribió en el Aftenposten, el periódico de mayor circulación de aquel país, un op-ed (opinion-editorial) que llevó por título “El pueblo elegido de Dios”. En él hace manifiesto su rechazo al estado de Israel y su actitud islamofóbica. Y si, aunque muchos no puedan creer esto, no es un ensayo antisemita, ya que jamás se promueve odio ni ataque alguno en contra del pueblo judío; pero sí deja en claro que esa vanidad judía que tanto huele a racismo, ha traído consigo una ola de terror y destrucción en los pueblos musulmanes vecinos. ¿Es que acaso Dios le autoriza a ese, su pueblo escogido, a matar civiles que van desde infantes hasta ancianos? ¿Son acaso ellos (infantes y ancianos) los que verdaderamente amenazan la estabilidad del estado israelí?

El texto fue, como mencioné con anterioridad, publicado originalmente en Noruega, y debido a presiones y la gran controversia que causó dicho ensayo, Gaarder decidió no llevarlo más allá en otros idiomas. He aquí, mi contribución al castellano.

El pueblo elegido de Dios

Ya no hay vuelta atrás. Es hora de aprender una nueva lección: Ya no reconocemos al Estado de Israel. No pudimos reconocer al régimen del apartheid en Sudáfrica, tampoco reconocimos al régimen talibán afgano. Muchos de nosotros no reconocimos al Iraq de Sadam Husein o a la limpieza étnica serbia. Tenemos que acostumbrarnos: El Estado de Israel en su forma actual es cosa del pasado.

No creemos en la noción de pueblo elegido por Dios. Nos reímos de los caprichos de ese pueblo y lloramos por sus delitos. Actuar como el pueblo elegido por Dios no es sólo estúpido y arrogante, es un crimen contra la humanidad. Lo llamamos racismo.

Límites de la tolerancia

Nuestra paciencia tiene límites, y también los tiene nuestra tolerancia. No creemos en promesas divinas como justificación para la ocupación y el apartheid. Dejamos atrás la Edad Media. Nos reímos desasosegadamente de los que siguen creyendo que el Dios de la flora, la fauna y las galaxias haya seleccionado a un pueblo en particular como su favorito y le haya dado extrañas tablillas de piedra, arbustos en fuego, y una licencia para matar.

Llamamos ‘asesinos de niños’ a los asesinos de niños y nunca aceptaremos que tengan un mandato divino o histórico que excuse sus crímenes. Pero decimos: ¡Vergüenza al apartheid! ¡Vergüenza a la limpieza étnica! ¡Vergüenza a todo ataque terrorista contra civiles, sea realizado por Hamas, Hezbolá, o el Estado de Israel!

El arte inescrupuloso de la guerra

Reconocemos, y prestamos atención a, la profunda responsabilidad de Europa por los sufrimientos de los judíos, por el vergonzoso acoso, los pogromos, y el Holocausto. Fue histórica y moralmente necesario que los judíos obtuvieran su propia patria. Sin embargo, el Estado de Israel, con su inescrupuloso arte de la guerra y sus repugnantes armas, ha masacrado su propia legitimidad. Ha desafiado sistemáticamente el derecho internacional, las convenciones internacionales, e innumerables resoluciones de la ONU, y ya no puede esperar que éstas lo protejan. Ha bombardeado extensivamente el reconocimiento del mundo. ¡Pero no temas! Pronto habrán pasado los problemas. El Estado de Israel ya vivió su Soweto.

Ahora nos vemos ante la decisión. No hay vuelta atrás. El Estado de Israel ha violado el reconocimiento del mundo y no habrá paz hasta que deje las armas.

Sin defensa, sin protección

Que el espíritu y la palabra barran con los muros del apartheid de Israel. El Estado de Israel no existe. Ahora carece de defensa, de protección. Por ello, ¡Que el mundo tenga piedad de la población civil! Porque nuestra predicción apocalíptica no se dirige a los individuos civiles.

Esperamos que le vaya bien al pueblo de Israel, nada que no sea bueno, pero nos reservamos el derecho de no comer naranjas de Jaffa mientras tengan gusto a podrido y sean venenosas. Ya aguantamos algunos años sin comer las uvas negras del apartheid.

Celebran sus triunfos

No creemos que Israel lleve más luto por cuarenta niños libaneses, de lo que se ha lamentado durante más de tres mil años por cuarenta años en el desierto. Vemos que muchos israelíes celebran semejantes triunfos como otrora vitorearon las maldiciones del Señor como “castigo justo” para el pueblo de Egipto. (En esa historia, el Señor, Dios de Israel, aparece como un sadista insaciable.) Nos preguntamos si la mayoría de los israelíes piensa que una vida israelí vale más que cuarenta vidas palestinas o libanesas.

Porque hemos visto fotos de pequeñas israelíes escribiendo saludos llenos de odio sobre las bombas que serían arrojadas sobre la población civil de Líbano y Palestina. Las pequeñas niñas israelíes no se ven tan lindas cuando se pavonean con regocijo ante la muerte y el tormento más allá de los frentes.

La retribución de la venganza por honor

No reconocemos la retórica del Estado de Israel. No reconocemos la espiral de retribución de la venganza por honor de “ojo por ojo y diente por diente.” No reconocemos el principio de un ojo o de mil ojos árabes por un ojo israelí. No reconocemos el castigo colectivo ni las hambrunas impuestas a toda la población como armas políticas. Han pasado dos mil años desde el día en el que un rabino judío criticara la antigua doctrina de “ojo por ojo y diente por diente.”

Dijo: “Haz a otros lo que quieras que te hagan a ti.” No reconocemos a un Estado que se basa en principios antihumanistas y en las ruinas de una arcaica religión nacional y de guerra. O como dijera Albert Schweitzer: “El humanitarismo consiste en no sacrificar jamás a un ser humano por un propósito.”

Compasión y perdón

No reconocemos el antiguo Reino de David como modelo para el mapa de Oriente Próximo en el Siglo XXI. El rabino judío afirmó hace dos mil años que el Reino de Dios no es una restauración marcial del Reino de David, sino que el Reino de Dios está dentro de nosotros y entre nosotros. El Reino de Dios es de compasión y perdón.

Han pasado dos mil años desde que el rabino judío desarmara y humanizara la vieja retórica de la guerra. Incluso en sus tiempos, ya operaban los primeros terroristas sionistas.

Israel no escucha

Durante dos mil años, hemos ensayado el programa de estudios del humanismo, pero Israel no escucha. No fue el fariseo quien ayudó al hombre que yacía al borde del camino, por haber sido asaltado. Fue un samaritano; hoy diríamos, un palestino. Porque somos ante todo todos humanos – sólo después: cristianos, musulmanes o judíos. O, como dijera el rabino judío: “Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen así también los gentiles?” No aceptamos el secuestro de soldados. Pero tampoco aceptamos la deportación de poblaciones enteras ni el secuestro de parlamentarios legalmente elegidos ni de ministros gubernamentales.

Reconocemos el Estado de Israel de 1948, pero no el de 1967. Este último es el Estado de Israel que no reconoce, respeta, ni respeta el Estado israelí de 1948, legal desde el punto de vista internacional. Israel quiere más agua, más agua y más aldeas. Para lograrlo, hay quienes ansían, con la ayuda de Dios, una solución final del problema palestino. Los palestinos tienen tantos otros países, han argüido ciertos políticos israelíes; nosotros tenemos sólo uno.

¿Estados Unidos o el mundo?

O como dice el principal protector del Estado de Israel: “Que Dios siga bendiciendo a Estados Unidos.” Una pequeña tomó nota de eso. Se volvió hacia su madre, y dijo: “¿Por qué termina siempre el presidente sus discursos con ‘Dios bendiga a Estados Unidos’? ¿Por qué no, ‘Que Dios bendiga al mundo’?”

Y hubo un poeta noruego que dijo suspirando como un niño: “¿Por qué es tan lento el progreso de la humanidad?” Fue el que escribió de manera hermosa sobre el judío y la judía. Pero rechazó la noción del pueblo elegido por Dios. Personalmente, le gustaba considerarse musulmán.

Calma y misericordia

No reconocemos el Estado de Israel. No hoy, no desde este escrito, no en la hora del sufrimiento y la cólera. Si toda la nación israelí quedara abandonada a su propia suerte y parte de la población tuviera que huir de las áreas ocupadas a otra diáspora, diremos: Que sus entornos guarden la calma y les muestren misericordia. El abuso de refugiados y de los sin patria es un crimen eterno sin atenuantes.

Paz y libre paso para la evacuación de la población civil que ya no está protegida por un Estado. ¡No disparen a los fugitivos! ¡No les apunten! Son tan vulnerables ahora como caracoles sin caparazón, vulnerables como lentas caravanas de refugiados palestinos y libaneses, indefensos como las mujeres, los niños y los ancianos en Qana, Gaza, Sabra, y Chatila. ¡Dad refugio a los refugiados israelíes, dadles leche y miel!

Que ni un solo niño israelí sea privado de vida. Ya han asesinado a demasiados niños y civiles.

Jostein GaarderJostein Gaarder nació en 1954 en Oslo, Noruega. Durante 11 años fue profesor de Filosofía e Historia de las Ideas en un instituto de Bergen, ciudad del oeste de Noruega. Se casó y tiene dos hijos. Siempre escribió cuentos, El Misterio del Solitario recibió el premio de la crítica literaria de Noruega, pero fue la publicación de El Mundo de Sofía con 25 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y traducido a cuarenta y cuatro idiomas, el que le dió a conocer internacionalmente. Con los beneficios ha montado una fundación ecologista, la Fundación Sofía, que cada año da un premio de 100.000 dólares para un proyecto en defensa de la ecología.

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Literatura, Política Internacional, op-ed | Comentarios | Permalink | Publicado en : April 22, 2009

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